TERAPIA PSICOLOGICA

Un tratamiento psicológico es una intervención profesional, basada en técnicas psicológicas, en la que un especialista –generalmente un psicólogo clínico, que es el especialista en los problemes del comportamiento humano- busca eliminar el sufrimento de otra persona o enseñarle las habilidades adecuadas para hacer frente a los diversos problemas de la vida cotidiana. Así por ejemplo, el tratamiento o terapia psicológica puede ir dirigido a ayudar a la persona a superar una depresión, vencer una fobia, mejorar sus relaciones de pareja o las relaciones sociales en general, controlar su comportamiento agresivo o su estrés cotidiano, o mejorar su adaptación a las enfermedades médicas o a su tratamiento (dolor, cardiopatías, cáncer, asma, etc.).

 

Cuando la persona tiene un problema que la desborda, es decir, que le dificulta o impide vivir de la forma deseada o que le provoca gran malestar y sufrimiento. Sin embargo, en ocasiones la propia persona no es consciente de que necesita tratamiento psicológico o directamente niega la existencia del problema y son quienes conviven con ella los que se dan cuenta de sus dificultades y pueden aconsejar la consulta con un psicólogo clínico. Esto es lo que puede suceder, por ejemplo, en casos como las psicosis, la anorexia nerviosa, el juego patológico o el alcoholismo.

Existen diversas modalidades de tratamiento psicológico (individual, de pareja, de grupo, familiar) y distintas escuelas o formas de entender el sufrimiento psicológico y la manera de abordarlo a nivel terapéutico. Las principales son la terapia cognitivo-conductal (basada en la manera de aprender nuevas formas de pensar, actuar y sentir), las psicoterapias psicoanalíticas y dinámicas (centradas en el estudio introspectivo de la persona), las terapias de tipo existencial-humanista (muy basadas en la relación terapeuta-paciente) y las terapias sistémicas (que consideran los problemas de una persona como la expresión de que alguna cosa no funciona bien en su sistema familiar o de pareja, hecho que implica hacer cambios en dicho sistema).

Si bien las diferentes escuelas de terapia psicológica pueden contribuir a mejorar la salud psicológica de las personas, la terapia cognitivo-conductal es la que cuenta con un aval científico más amplio en lo que a su eficacia terapéutica se refiere. Teniendo en consideración este aspecto, veamos a continuación en qué puede consistir en líneas generales una terapia psicológica cognitivo-conductal.

Podemos diferenciar en ella cuatro fases:

1-Evaluación. Es un período que suele ocupar las primeras sesiones (habitualmente dos o tres) y en las que el profesional realiza una serie de preguntas al paciente con el fin de conocer las características de su problema, de él como persona y de su entorno. Se trata en definitiva de recoger lo que a menudo se denomina historia clínica y anamnesis. En ocasiones, el psicólogo procederá a la administración de tests psicológicos a fin de ampliar y profundizar la información sobre el paciente.

2-Diagnóstico e hipótesis explicativa. Una vez recogida y analizada toda la información por parte del profesional, dedicará una sesión a explicar al paciente: a) qué es lo que le sucede (diagnóstico); b) qué factores causantes significativos hemos identificado hasta el momento que contribuyeron en el pasado y que contribuyen actualmente a la existencia del problema (causas); c) cómo estos factores interactúan entre si (hipótesis explicativa); y d) las líneas generales del tratamiento que se llevará a cabo y porqué.

3-Terapia. Es la parte más larga del proceso. Si bien su duración puede variar mucho dependiendo de cada caso, por regla general abarca un período que puede oscilar entre 2 y 9 meses. La frecuencia de las sesiones suele ser semanal al principio y de forma más espaciada posteriormente. En las sesiones se trata, en líneas generales, de enseñar al paciente de manera práctica y aplicada una serie de técnicas psicológicas, de habilidades, que le permitan afrontar más eficazmente sus problemas y reducir su sufrimiento psicológico. El paciente aprenderá al principio a aplicar estas nuevas habilidades en la consulta para pasar a aplicarlas después en distintas situaciones cotidianas. En consecuencia, esto significa que el paciente deberá adoptar un papel activo y participativo a lo largo de toda la terapia.

4-Prevención de recaídas y seguimiento. Las últimas sesiones de la terapia se dedican a diseñar un plan para prevenir posibles recaídas en el futuro, reduciendo al mínimo sus probabilidades. Por otra parte, en ocasiones se lleva a cabo alguna sesión de seguimiento más espaciadamente para controlar la evolución final del paciente

Si bien sus trabajos a menudo son complementarios, existen unas diferencias:

1-El psiquiatra es un licenciado en medicina y el psicólogo es un licenciado en psicología.

2-De ello se deriva que el psiquiatra considera los problemas del paciente como el resultado de que alguna cosa no funciona bien en el organismo (en el cuerpo); por su parte, el psicólogo clínico se centra en aspectos psicológicos (cómo influyen en el problema las propias emociones y las de los demás, las relaciones sociales y familiares, la historia personal del paciente, etc.). Sin embargo, esto no significa que el psicólogo clínico excluya del tratamiento los aspectos orgánicos o que el psiquiatra excluya los factores psicológicos.

3-Como consecuencia del punto anterior, el psiquiatra se ocupa habitualmente de diagnosticar y recetar un fármaco; por su parte el psicólogo clínico, además del diagnóstico, busca analizar las dificultades específicas del paciente en su día a día y dotarle de herramientas para superarlas.